Cuentos cortos:
Antes que nada y humildemente, quiero dejar claro que soy un simple becario, recién terminada mi carrera, contratado temporalmente por este informativo digital, para cubrir el periodo vacacional de los titulares, en este verano de 2026.
Así que estoy extrañado de que el jefe de redacción, aunque parece que me tiene simpatía, me haya encargado un trabajo de este calibre. Por este motivo, pido perdón a los lectores, si no he sabido sacar “más chicha” a esta oportunidad.
Porque a lo mejor mi inexperiencia me hace exagerar, pero creo que es algo importante, desarrollar un artículo tras la entrevista, a quien fue un importante político cuando yo era poco más que un niño, y que ahora y solo ahora, se ha decidido a hablar, cuando está autorizado a, en unos días, abandonar la prisión donde ha estado recluido y en silencio, los últimos doce años.
Estaba pactado que no se harían fotos, ni ninguna transmisión de imágenes por ningún medio, y solo podemos comentar que, aunque se le nota la edad, está en buena forma física y mental. Y que curiosamente, mientras duró la entrevista, parecía de buen humor.
Debo decir que el título lo he puesto yo, pero para el subtítulo he accedido a una petición suya. Así que, a continuación:
El político.
Con mentiras y malas artes, puede que llegues lejos, pero… no podrás valver.
Aunque últimamente olvidado, es una persona que, para muchos, no necesita presentación. Así que dejamos expresarse a don Alberto Jerez Bustamara:
- Mire. Cuando tienes el poder se puede hacer todo. Absolutamente todo. Incluso darte el gustazo de ser malvado y que muchos te crean bueno. Incluso hacer parecer malos a los que son buenos. Y no te preocupes. Si tienes poder, si de verdad tienes poder, siempre tendrás gente que te apoyará y defenderá, a cambio de que les dejes “su parcelita”. Por entonces, nunca tuve dudas de eso. El problema viene cuando el poder se acaba.
- Pregunta: Pero dicen que para alcanzar el poder, hay que ser inteligente y listo, tener una buena preparación y carecer de escrúpulos. También, tener buenas relaciones con los que no mandan pero influyen. ¿Qué tiene que decir a esto…?
- Que es verdad. – contesta, aunque a continuación aclara - Vamos, es verdad en lo que se refiere al auténtico poder. Porque aunque yo coincidí en el tiempo de gobierno, con gente de escasa inteligencia y peor preparación, realmente ellos no tuvieron más poder que el que se les dejó tener.
- Pregunta: Permita que le diga que, leyendo la documentación que me han facilitado, se dice de usted que, aunque al final actuó de otra manera, siempre tuvo una cosa clara, poco común en el mundo en el que se desenvolvía: La convicción de que la mejor forma de disfrutar del poder, es llegar lo más arriba posible, pero no a la cumbre. Que eso hay que dejarlo para otros a los que les gusta “hacer historia”. Que usted, desde luego, no estaba interesado en “ser”. Solo le interesaba “estar”. Y solo durante un tiempo. Eso sí, lo suficientemente largo para conseguir sus metas y luego desaparecer, dejando poco rastro.
- Bueno, parece que hay gente que conoce hasta mi pensamiento – dice con una expresión divertida – Así que, ateniéndose a esa documentación, tendrá usted claro que no conseguí mi propósito. Que en realidad, la mía es la historia de un fracaso.
- Porque la primera vez que accedí al gobierno – continúa - no todo salió como pensaba y no pude evitar “la caída”, pese a lo que luché, tanto a la luz como en las cloacas.
- Después – explica - tuve un conveniente periodo de ausencia en la primera línea, que me permitió ser casi olvidado por la ciudadanía.
- Pero eso formaba parte de la estrategia, así que, llegado el momento – sigue sin necesidad de preguntas - ya que el calendario no lo marcaba yo, tuve que volver a “primera línea de fuego”, no tanto por voluntad propia, que también, sino porque esos que Ud. a calificado como “los que no mandan pero influyen”, sabían que tenían que contar conmigo, algo que no puedo negar que siempre me agradaba.
- Que, de no hacerlo, sería mucho más difícil, coordinar todos los frentes que tenían que abrir para conseguir el poder, y con él, los objetivos que perseguían. Porque también sabían que el resto que habían elegido… eran necesarios sí, pero… ¡Buf… menuda tropa! – califica sonriente mientras balancea la cabeza -.
- Pregunta: Pero… si Ud. trabajaba “por encargo”… ¿Quién manejaba los hilos…? ¿Me daría nombres…?
- Mire – me mira seriamente para decirme – Ud. es joven pero no tonto. Así que no se lo haga. Yo ya he pagado por lo que hice, así que, por lo que a mí respecta, la sociedad tiene que darse por satisfecha.
- Sí que puedo decirle – concede - que, ante la llamada de “los que de verdad están arriba”, que por cierto, arriba siguen casi todos, bien sean ellos o sus sucesores, volví. Y estoy convencido que cumplí. Porque esta vez tuve que mojarme mucho más, ya que lo que se hizo, aunque no estaba planificado así, resultó extremadamente grave.
- Puedo asegurar – dice con semblante serio - que para salir chorreando de un charco como ese y parecer que se está seco, hizo falta echarle... – hace un gesto ahuecando las dos manos hacia arriba -.
- Hizo falta incluso acceder al cargo que yo no quería, por demasiado a la vista, y en el momento que menos quería. Pero es que fue necesario – parece querer justificar - pues no se podía asumir un horror como ese, que insisto, nunca se quiso pero ocurrió. Aunque al final casi todo se ha sabido.
- Pregunta: ¿Casi…? ¿Qué es lo que falta por saber…?
- Mire. No siga por ese camino, o tendremos que terminar – amenaza serio, por lo que opto por dejarle continuar, con lo que no le importa decir-.
- Con repugnancia – puede creerme – pero con rapidez, tuve que asumir que lo hecho, hecho estaba, y… “lo hecho puede más que Dios”. Por lo que aunque nadie había querido algo tan monstruoso, sino que pasó que a los ejecutores se les “fue de las manos”, no era cuestión de ponerse a llorar sino a trabajar. Así que a aguantar la repugnancia y hacer las cosas como sabíamos. No podíamos permitirnos los escrúpulos, pues ya no tenía remedio y había mucho en juego.
- Lo demás – continuó - ya se supo en su momento, pues debo reconocer que el proceso contra los que intervenimos estuvo bien instruido y los que aparecimos culpables, realmente lo fuimos. Escrito está que tampoco lo discutimos mucho, pues la verdad es que había remordimientos, así que una vez descubiertos… Ahora, yo ya he pagado y los que estuvieron a mis órdenes, también.
- Pregunta: No me deje sin saber cómo fue su “modus operandi”, y cómo se tardó tanto en descubrirlo…
- Pues le recomiendo que se sea el proceso, pero vamos – volvió a recuperar su amabilidad y hasta cierta simpatía, repitiendo al hablar, los característicos gestos con los manos que lo hicieron famoso - si quiere se lo digo yo… Lo que se hizo, siguiendo mis instrucciones, fue actuar en dos frentes bien diferenciados:
- En el primero de ellos, pusimos un equipo de gente fiel que, aunque bajo la autoridad de los que entonces mandaban, realmente nunca había dejado de trabajar para nosotros y que, bien promocionado a los puestos oportunos, y actuando en la sombra, pudo ocuparse de los temas claves para ocultar la verdad, como borrar pruebas, y sustituirlas por falsas pistas en la dirección conveniente.
- Hubo también – siguió con la explicación - que preparar juristas y testigos, todos los cuales cumplieron su misión y, por ello, también han sufrido las consecuencias. Y también voceros, muchos e importantes voceros, cuyas culpas las han pagado con el descrédito. También se preparó a otra mucha gente, secundaria pero imprescindible.
- Puede creer – aseguró - que fue difícil, muy difícil, e incluso hubo momentos que la cosa se puso fea, pero tuvimos la suficiente capacidad y además, ya sabe, con el poder en la mano…
- Por otro lado pero al mismo tiempo, pusimos a otros equipos bien visibles, trabajando en unas labores distintas, pero con todos los medios a su alcance para lograr prestigio y fama. Prestigio y fama que inmediatamente redundaría en mí – aclaró lo que era obvio - que para algo era la cabeza. Y un potente aparato de propaganda, con una nube de “gentecilla” dispuesta a difundir una cosa y la contraria, sin cortarse y a la menor indicación. Esto último fue lo menos difícil, pues contábamos con una gran potencia mediática, que siempre fue uno de los pilares principales.
- Todo lo organizamos a satisfacción, y si revisa las encuestas de popularidad de entonces – sugiere – verá que mucha gente nos creyó realmente buenos. Porque de la eficacia de mis equipos nadie dudó, ni amigos ni enemigos.
- Fíjese que pese a todo, la historia habla de mí, como del ministro con el que bajaron los muertos en carretera, una satisfacción que nadie puede quitarme, aunque en ningún momento ha servido para compensar aquellos otros muertos que no debieron producirse – manifiesta sombrío ahora – y que sé que, aunque no fui en absoluto culpable de su planificación, nunca viviré lo suficiente para arrepentirme de haber intentado borrarlo, y todo por unos intereses, espurios y bastardos, de gente que nunca mereció tanta entrega. Porque ellos si supieron, llegado el momento, ponerse a salvo.
- Como colofón, vino el intento, absolutamente inútil y fuera de todas mis convicciones anteriores, de convertirme en el número uno que nunca quise ser, pero necesario para llevar hasta el final, mediante el retorcimiento de las leyes, el pago de la deuda contraída con quienes nos ayudaron al principio.
- Ese fue mi gran error, porque es una gran verdad, que no se puede engañar a todos, todo el tiempo. – Esboza ahora una leve sonrisa cínica para decir – Ni siquiera yo lo conseguí. Afortunadamente, y fíjese que digo afortunadamente – aclara como aliviado - también eso pudo corregirse después.
Y con esto dio por terminada la entrevista que él mismo había solicitado, con la única condición de que nos ocupásemos de hacerla extensiva a quien la quisiera, de manera gratuita, pues tiene la intención de, tan pronto salga de prisión, desaparecer para siempre de cualquier contacto popular. Nunca más, ha prometido, concederá una entrevista a nadie. Tiene la intención, parece que seria, de dedicar el resto de su vida, a hacer todo el bien posible a la humanidad.
Porque como al Cid Campeador (versión malvada), aunque él era un buen vasallo, le faltó un buen señor. Si lo llega a tener…
Pater don Mati. Agosto de 2011.
don.mati.n.p@gmail.com
En este cuento, intelectualidad, si la hay, será poca. Pero tiene propietario. Así que estás autorizado a leer, reenviar, copiar e incluso publicar el texto siempre que cites autor, y me mandes un eMail diciendo donde lo haces. ¿Vale...?
Pero modificarlo no, así que por favor, no jodas.
Muchas gracias.
No hay comentarios:
Publicar un comentario